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Administrative Law / Droit administratif 2007 Spain / Espagne

Pages
74
2007 / Vol. 19, No. 4, (66)
Digital Edition

Administrative Law / Droit administratif

2007

Spain / Espagne

Luis F. Maeso Seco

 Profesor Asociado del Área de Derecho Administrativo de la Universidad de Castilla-la Mancha

 

 The year 2007 has been particularly productive in relation to the adoption of ad­min­istrative laws. In fact, more or less, about ten of them - ordinary and organic - con­cerning the most diverse sectors of the Spanish Administrative Law, have been approved in the last twelve months. However, due to the brevity that must accom­pany this chronicle, it has been impossible to comment every law in the preceding pages. However, this fact has not impeded us from making a brief comment on the most important contents of two of them, that is: 1) Law 7/2007 of the 12th of April, on the Public Service Basic Statute; and 2) Law 26/2007 of the 23rd of October, regu­lating the Environmental Responsibility. The selection of these two laws as a subject of comment of our chronicle has not been accidental but it has resulted from the fact that both can be qualified as significant legal innovations. In the case of Law 7/2007 of the 12th of April, its importance results from the fact that it has created, in our legal administrative system - after almost a century and for the first time since the adoption of our Constitution -, a regulation allegedly common for all public servants. A regulation formally and materially at the top of the entire sys­­tem, even if we can consider it minimal. A regulation whose purpose is triple: a) to pro­vide effective application of Article 149.1.18a of the Spanish Constitution, b) to adapt the model of public employment to new social demands and require­ments (ef­fectiveness, efficiency and quality), derived from the global adminis­tra­tive mod­erni­zation, and c) to take into due consideration the autonomic fact. On the other hand, Law 26/2007 of the 23rd of October is equally fundamental taking into ac­count that, through it, a new public system of environmental responsibility, ob­jec­tive and unlimited, until now non-existent, is being formed. A system wishing to re­solve the problems and dysfunctions provoked by the precedent regulation of civil environmental responsibility (subjective and limited). In any case, it must be taken into consideration that these two laws have been adopted lately and that many of their provisions must be the object of subsequent development for other norms (either of legal or regulatory character). So, we will have to wait for some time to see if its undoubted theoretical significance duly corresponds to the so-called effective application of its contents.

 El año 2007 ha resultado ser especialmente fructífero en lo que a la aprobación de leyes administrativas se refiere. De hecho, una decena larga de normas de rango le­gal - ordinario e incluso orgánico -, concernientes a los más diversos sectores del De­recho Administrativo español, han visto la luz en estos últimos doce meses. Sin embargo, y debido a la obligada brevedad que debe acompañar a esta crónica, nos ha resultado imposible dar cuenta de todas y cada una de ellas en las páginas pre­ce­dentes. Ahora bien, al mismo tiempo, ello no nos ha impedido efectuar, cuando menos, un breve comentario de los contenidos más destacados de dos de ellas, a saber: 1) la Ley 7/2007, de 12 de abril, del Estatuto Básico del Empleado Pública; y 2) la Ley 26/2007, de 23 de octubre, reguladora de la Responsabilidad Medio­am­biental. Dos leyes cuya elección como objeto de comentario de nuestra crónica no ha sido casual, sino que ha obedecido, en cambio, al hecho indiscutible de que am­bas pueden ser calificadas como trascedentes innovaciones jurídicas. En el caso de la Ley 7/2007, de 12 de abril, su transcendencia es fruto de que, en su virtud, se ins­taura en nuestro sistema jurídico administrativo - después de casi un siglo y por vez primera desde que se aprobara la Constitución - un estatuto que se pretende co­mún para todos los servidores públicos. Un estatuto que, formal y mate­rial­men­te, se convierte en cabecera del entero sistema y que puede considerarse de míni­mos. Y un estatuto cuyo triple objetivo es el de: a) dar efectivo cumplimiento al ar­tí­culo 149.1.18ª de la CE; b) adecuar el modelo de empleo público a las nuevas de­man­das y requerimientos sociales (eficacia, eficiencia y calidad), derivados de la mo­dernización administrativa global; y c) tomar debidamente en cuenta el dato auto­­nómico. Por su parte, la Ley 26/2007, de 23 de octubre, resulta igualmente trascen­dental, habida cuenta de que, a su través, se articula un sistema de respon­sa­bi­lidad ambiental público, objetivo e ilimitado, hasta ahora inexistente. Un sistema lla­mado a resolver los problemas y disfunciones que el régimen de responsabilidad am­biental civil (subjetivo y limitado) venía provocando. En cualquier caso, debido a que la aprobación de estas dos normas se ha producido hace escasas fechas y, así tam­bién, a que muchas de sus previsiones deberán ser objeto de desarrollo poste­rior por otras normas - de rango legal o reglamentario -, habrá que esperar todavía un tiempo para conocer si, en verdad, se da una adecuada correspondencia entre su in­dudable significación teórica y la pretendida virtualidad aplicativa de sus conte­ni­dos.